historia de vida

Tuesday, July 11, 2006

Terrorismo laboral Donde van a morir los elefantes

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Por Graciela Azcárate 

"¡Qué infierno es este ambiente de universidad yanqui!

Con razón dicen en Estados Unidos que las universidades son los sitios donde van a morir los elefantes." 

"Donde van a morir los elefantes" de José Donoso. Editorial Alfaguara, 1999. 

De pronto, un artículo en una revista  de mujeres en el salón, un informe de psicología forense en la mesa de trabajo de  la oficina, la frase de un libro del escritor chileno José Donoso leído al final del día me recordó un artículo que hace muchísimos años Bienvenido Álvarez Vega publicó en el suplemento "Realidades" del periódico "El Siglo".

El artículo  escrito por el filósofo y sociólogo argentino, Mario Bunge relataba una tragedia ocurrida en una universidad norteamericana, donde un catedrático había matado a un compañero y al jefe de la cátedra.

De aquel artículo deben haber pasado como veinte años sin embargo recuerdo el clima de aquella crónica, que en aquel entonces no tenía nombre. El clima de acoso podía llamarse crónica de un homicidio, envidia de catedráticos, resumen del infierno de las universidades gringas contado con la lucidez inigualable de José Donoso.

Hace un año leí en el salón, en la revista Marie Claire una artículo titulado "Terrorismo en la oficina". El relato tenía el aroma familiar de muchas cotidianidades nuestras.

Se llama "Mobing laboral". Quiere decir "atropello o acoso laboral" y fue estudiado y descrito por el psicólogo alemán Heinz Leyman, en 1986.

Es el llamado psico terror laboral, hostigamiento psicológico en el trabajo o atropello moral.

Los estudios ubican el origen del hostigamiento laboral en emociones tan básicas  como la envidia y el deseo de poder de las personas, que se comportan como si se tratara de una jungla donde impera la ley del más fuerte.

Se impone en la oficina como algo intangible y es difícil de detectarlo. Surge con actitudes aparentemente inofensivas o inconscientes pero es un monstruo social que empieza a tomar forma y es indetenible.

Se traduce en la manipulación del trabajo, ocultación de datos relevantes a fin de desacreditar, se lo aísla  física y moralmente en su entorno laboral, se le difama y descalifica ante el resto de los compañeros profesionales, se lo descalifica, se lo persigue moralmente, con rumores falsos y se despliega un sordo ataque sistemático que usado con frecuencia , y durante largos periodos se torna en una poderosa arma de incomunicación que deteriora su imagen y reputación.

Es indefinido, discreto, sutil y deja sin armas de defensa a la víctima por lo insidioso y velado del ataque.

El perfil de la víctima es una mujer de entre  25 y cincuenta años, "brillante en su trabajo y con cualidades de persona sobresaliente"

Las víctimas más comunes son "personas muy brillantes en su trabajo, preparadas, responsables, colaboradoras, inteligentes, muy productivas en comparación con los demás, que tal vez evidencian el trabajo de sus compañeros, o que son demasiado eficaces y amenazan el estatus social de su jefe"

En la mayoría de los casos son  personas atractivas, sociables, con un carácter fuerte, y buena autoestima, inteligentes y de buen aspecto físico que suelen despertar la envidia entre sus compañeros de trabajo. Pero si en Marie Claire daban un sesgo de género

el acoso moral puede atacar indiscriminadamente a hombres y mujeres por la sencilla razón de que no le simpatiza al jefe, no se integra al grupo, molesta a los demás por su carácter o acciones, o simplemente, la empresa lo desea despedir  sin pagarle una justa indemnización.

El perfil del acosador arroja  datos curiosos, como por ejemplo que de los dos, es el de carácter débil.

"Es inseguro, envidioso, narcisista y oportunista. Tiene un profundo complejo de inseguridad que lo hace disfrazarse de seguro y firme, busca aprobación y el reconocimiento por encima de todo".

Detrás de esa fachada brillante "hay una persona insegura, falta de ética, poco asertiva pero muy hábil en la manipulación, que empleará toda una serie de artimañas para rodearse de mediocres que ensalcen la idea que tiene de sí mismo, mientras machaca psicológicamente a quien no está dentro de su séquito. Humillan y maltratan a sus víctimas para reafirmarse en su papel de fuertes".

Puede asemejarse a un linchamiento llevado a cabo por todo el grupo que se inició con                                         el silencio, la amenaza, ataques verbales a su trabajo, se le ningunea y excluye deliberadamente, se lo difama y desprestigia para presentarlo como incapaz, o bien le asignan tareas irrelevantes que van minando la autoestima.

El sentimiento de injusticia e impotencia, los rumores malintencionados y humillantes van creando un cerco en torno a la víctima de acoso o "mobbing laboral" que se traduce en llanto, depresión que inhabilita para trabajar y hasta lleva al suicidio cuando el daño psicológico es irreparable.

El artículo de Marie Claire seguía indagando y dando posibles recetas sobre cómo sobrellevar  ese acoso moral. En países como Suecia y España, el acoso moral está tipificado como delito, y si reúnen pruebas suficientes se puede demandar legalmente al acosador. Su lectura coincidió  con la  lectura de unos materiales sobre el alcance de la psicología jurídica o forense y encontré que entre los perfiles de esa rama  está la de asesorar a los jueces en derecho labora,l especialmente en situaciones de acoso laboral(mobbing)

En el portal de las mujeres argentinas, iberoamericanas y del Mercosur  "Agenda para mujeres" me encantó un artículo, me dio un montón de información y abrió la  puerta de la esperanza para ver a futuros tiranos y tiranas locales emplazados legalmente por abusadores.

Encontré un artículo de Pablo Calvo que se titula "Tiranos en la oficina: violencia laboral" donde relata mas o menos lo mismo que el artículo de psicología de Marie Claire, el relato de los catedráticos norteamericanos de hace veinte años, y la novela magistral de Donoso. Pero la buena noticia es que ahora hay un marco legal para acabar con ese nuevo monstruo que por no tener nombre todavía es indestructible.

En Argentina, hay en la actualidad 98 denuncias por presunta violencia laboral contra personas que se desempeñan en oficinas y agencias del estado. Incluso se está discutiendo en el Congreso Nacional siete proyectos de ley para castigar severamente el "acoso moral y psicológico" en los lugares de trabajo.

Para Maria Alicia Rendon, especialista en resolución de conflictos, esta nueva forma de acoso, que no es estrés, ni acoso sexual, ni tensión pasajera en el lugar del trabajo, es una nueva forma de "violencia laboral".

Es una acción, "que durante un tiempo prolongado, afecta la dignidad del trabajador, su derecho a no ser discriminado, el respeto de su honra, y su integridad física, psíquica y moral. En casos extremos, desencadena daños psicológicos graves, pérdida de empleo y hasta suicidios"

El ataque permanente incluye "provocarle aislamiento, pérdida de la autoestima, descalificación, desmerecimiento, violación de la intimidad, difamación, supresión de derechos, intimidación, falsa denuncia, afectación a tareas irrelevantes, quita de personal, intromisión en la computadora, utilización de influencias  e indiferencia a sus reclamos".

El experto en derecho laboral Mariano Emiliani confirmó que el  "Mobbing laboral" es un tema  que ha cobrado gran auge  y que está conformando una nueva materia, la formulación de una ley nacional contra violencia laboral, que abarca tanto a nivel del Ministerio de Trabajo  así como a las Aseguradoras de Riesgo, en los Tribunales de Trabajo y en la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidad entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral.

En Argentina, desde hace doce meses funciona la Oficina de Atención a la Víctima de la Violencia Laboral, en la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, que es un organismo de control del estado.

Los resultados de una encuesta realizada por el periódico Clarín, arroja resultados de que hay denuncias de violencia laboral en  museos nacionales, la Universidad de Buenos Aires, el hospital Garrahan, las fuerzas de seguridad, personal civil de las Fuerzas Armadas, el Servicio Penitenciario, el CONICET, el INTA y la Comisión Nacional de Energía Atómica, entre otros organismos.

Un profesor universitario consultado por Clarín dio las señas del acosador laboral: "hay una frase perfecta para definir al acosador laboral…, pero su mama no tiene la culpa". "Son los y las tiranas de la oficina con una personalidad psicopática, con alteración del sentido moral y ausencia de culpabilidad. Tienen entre otros atributos la cobardía, la mentira, la mediocridad y el complejo de inferioridad. Son escondedores, competitivos, de malos modales, gritones, mal predispuestos al diálogo, exhibicionistas de su supuesta impunidad y muy rencorosos".

Tuesday, July 04, 2006

Ryszard Kapucinsky-Periodista para toda la vida

Por Graciela Azcárate 

"Hay que tener presente que en mi han convivido dos oficios: e l periodista de agencia de prensa (agencia polaca Pap) y el historiador -escritor. Ser corresponsal, un trabajo agotador, era mi única manera de tener dinero para viajar. Como periodista estaba sujeto a los criterios de brevedad y ahorro. No podía ofrecer un cuadro completo de la situación, en mis artículos no había sitio para las sensaciones, el trasfondo de las cosas, los paralelismos históricos ni las reflexiones. Trabajaba en los países del Tercer Mundo y redactaba informaciones muy pobres. Reducía todo a los hechos desnudos, pero así impedía que mis lectores obtuvieran un sentido de las proporciones. Fuera de su alcance quedaba un mundo inmenso. Por eso empecé a escribir libros. Volvía de los viajes con un material riquísimo que me permitía, en mi casa de Varsovia, explicar con calma el mundo de aquellos hechos que antes solo había contado telegráficamente".  

Ryszard Kapucinsky 
 

El taller celebrado en Constanza, por OIT y el IPEC, sobre el tratamiento del lenguaje y la noticia en los medios de comunicación sobre todo lo concerniente a la niñez y adolescencia ha sido en mi caso un detonante. Como abrir un baúl lleno de sorpresas, de interrogantes y desafíos.

Muchas veces una escribe pensando que lo que  hace es un aporte y sin embargo, nacida y educada en una cultura autoritaria y patriarcal, sin quererlo refuerza modelos que perpetúan la desprotección y el abuso de la infancia.

Inmersos en las nuevas tecnologías, en la globalización y en una deshumanización avasallante,  las guerras que siguen asolando el planeta son una degradación de la condición humana.

En esas realidades atroces, la niñez y la adolescencia son los indefensos y excluidos del sistema, son los que no tienen defensores para sus derechos.

Su indefensión es una bofetada en la cara a toda la sociedad, una ayuda memoria de la responsabilidad social que le toca al género humano.

Cuando los periodistas que asistieron al evento argumentaron  como justificación en el tratamiento de la información de la infancia, las limitaciones impuestas por los  dueños de los periódicos, las exigencias de los jefes de redacción, las limitantes de espacio y las condiciones deplorables para ejercer el periodismo recordé a Ryszard  Kapuscisnki: el maestro del reportaje.

Historiador y reportero polaco, famoso por la calidad de sus entrevistas  y la publicación de más de veinte libros escritos sobre la realidad de los países del Tercer Mundo, África y Asia, dice que la guerra convierte a los seres humanos en bestias.

"Cada guerra  es una derrota para todos. No hay ningún vencedor. He visto muchas guerras, pero recuerdo especialmente cómo acabó la Segunda Guerra Mundial. Hubo unos días de euforia, pero luego fue saliendo a la luz la gran infelicidad que la acompañaba: los mutilados, los niños huérfanos, las ciudades heridas y arrasadas, la gente irremediablemente enloquecida".

Considerado el "Reportero del siglo", en el año 2003, recibió el premio Príncipe de Asturias y en una larga entrevista dio la clave de cómo llego a ser un maestro en el oficio.

El secreto radicaba en su empatía y comprensión por los desposeídos, excluidos y marginados.

"Para mí una de las características del reportero es la empatía, esa habilidad de sentirse inmediatamente como uno de la familia. Compartir dolores, los problemas, los sufrimientos, las alegrías de la gente, que de inmediato reconocen si él está realmente entre ellos o si es un pasajero que vino, miró alrededor y se fue".

Con modestia y muy ameno en la conversación contó que el haber nacido en Polonia oriental, (Bielorrusia) en una tierra pobre y sin recursos lo hizo comprender y manejarse con naturalidad en esos otros escenarios donde la pobreza y la falta de alternativas son el pan de cada día.

Nacido en 1932, sobrevivió la guerra y la post guerra en una Varsovia arrasada, siendo él mismo un refugiado.

En 1956, recién egresado de la Universidad de Varsovia como historiador aceptó un empleo en una agencia de noticias muy pobre.

Era el precio que tenía que pagar para escribir libros en el futuro.

"Yo sabía que para poder viajar por el mundo, a países apartados, sin tener dinero, debía pagar con un trabajo duro y difícil, tal vez el peor pagado del periodismo, el de la agencia de prensa. Es para esclavos. Tenía que pagar este precio para luego escribir libros".

Contó que la agencia le exigía  enviar notas cortas, por los costos y el tiempo y que esa nota escueta  era un periodismo pobre y formal de no más de 800 palabras. Lo peor  de todo era que no abarcaba la rica realidad de lo que estaba viviendo en África y el Asia. Tan rica, tan colorida y tan distinta a la europea.

Pero precisamente esa limitación lo indujo a escribir sobre eso que no entraba en los cables formales de la agencia de noticias, y en vez de irse a beber whisky con los otros reporteros al bar del  hotel, él se encerraba en su cuarto a escribir lo que no podía describir en el cable indigente de sólo 800 palabras.

Cuando en el taller se tocó el tema de la prensa sensacionalista, las afirmaciones del maestro retumbaron en mis oídos:

"Yo estoy en contra de la prensa sensacionalista. Olvidamos que un periodista es un ciudadano del común. Entonces como periodistas debemos tener responsabilidad no solo profesional, sino en el sentido ciudadano: ¿Es esto bueno para mi ciudad, para mi nación, o para mi patria? No en el sentido partidario, sino en el sentido más alto de la responsabilidad, no profesional sino ciudadana".

En una entrevista publicada en "Sala de Prensa" una web para profesionales de comunicación iberoamericanos  dijo una frase que creo deberíamos reproducir como proclama: "El periodismo no es solamente una profesión, es una manera de pensar y de vivir. Nosotros decíamos con cierto orgullo que el periodismo era ese algo que íbamos a hacer toda la vida. Esta profesión  requiere algo de sentido de misión, de vocación porque es muy dura y si no se tiene valentía es mejor cambiar de oficio".

Entre la bibliografía que nos entregaron en el taller,  en el folleto" Prevención y eliminación del trabajo infantil y adolescente domestico" auspiciado y publicado por OIT, IPEC, SEM y ANNA en la bibliografía recomendada cita  el libro de Kapucinski titulado" Los cinco sentidos del periodista" del Fondo de Cultura  Económica y Fundación Nuevo Periodismo, editado en  Buenos Aires, en el 2003.

Este maestro del reportaje, es un humanista, " un hombre decente" más para sumar a mi galería integrada por Noam Chomsky y Edward Said.

Un hombre lúcido y sencillo que dice: "Actualmente vivimos un periodo de banalización de la palabra. La  palabra ya no tiene el peso de antes. A eso debemos sumar el peligro de esta profesión que es la rutina y creer que cuando se aprende algo ya lo sabemos todo. En el mundo de hoy la gente posee reconocimiento y educación y si el periodista quiere ser aceptado por la gente debe tener mucho mas conocimiento que ellos" 

Para consultar las entrevistas en su totalidad: 

Sala de prensa 2001. 37. Noviembre 2001.Año III, Vol.2.

Sala de prensa 2003. 55. Mayo 2003 Año V. Vol. 2

A la memoria de Zunilda Pierret

Por Graciela Azcárate 

Las crónicas escritas por Angela Peña sobre  las desvastaciones  del Archivo de Música Nacional me dieron una enorme tristeza. Después salió la vieja pendenciera con ánimos terroristas y justicieros pero recordé al entrañable José Saramago cuando dice que él escribe de la gente buena y sin demora recordé a Zunilda Pierret y lo que hicimos desde el Centro de Recuperación, Conservación, y Difusión de la Música Dominicana, en aquel lejano 1999.

El 20 de marzo, llamé a su casa para pedirle que nos ayudara en el Rincón de la abuela de Conani, el esposo desconsolado me contó que Zunilda había fallecido el sábado 18 de marzo. Estaba en deuda con ella, con su recuerdo, con la amistad que me dispensó. Para los que laboramos en el Teatro Nacional y en el Centro de Recuperación, trabajar con aquella señora fue un honor. Si de algo estamos orgullosos, aquel equipo de servidores públicos es el de haber contribuido a homenajear en vida a una de nuestras glorias de la música y la cultura.

Como romántica impenitente que soy revisé la colección de revistas de Teatro, las fotos de aquellos años tan creativos, desanduve en la memoria los corredores del Teatro Nacional y reviví aquellos meses en que, entre todos hicimos realidad  el sueño de Zunilda. Miré las fotos de ternura desarmante de aquel matrimonio de ancianos que nos visitaron con la música  para niños guardada en una vieja maletita. Lloré a lágrima viva. Después pensé que no había mejor homenaje que transcribir el relato de lo que pasó aquel 19 de julio del año 2000.

A crecer cantando

El cancionero infantil de Zunilda Pierret 

Hace 46 años, en la escuela número 8 Bernardino Rivadavia, de un pueblito de la provincia de Buenos Aires, tres divisiones de chicos de seis años empezaban la vida escolar. Mirábamos preocupados a las tres maestras asignadas para primer grado inferior. Me tocó en suerte una india mapuche, vieja, petisa, fornida y con apellido italiano.  Haydeé Paganini tenía una hirsuta cabellera, blanca en canas y con vozarrón estentóreo en el patio de la escuela nos daba órdenes y ponía en fila. Era acelerada, mandona, eléctrica, tenía bigotes y manos de campesina. Tímidamente, mientras nos sacábamos el lastre de tener seis escasos años, entre almidones, delantales blancos y trenzas empezamos a hacerle burla, a dibujarnos bigotes y a soñar que nos cambiábamos el apellido para  pasarnos al otro primero inferior, el de la maestra joven, bonita y sin bigotes.

Ella era también la maestra de música y dos veces a la semana en el patio cubierto, al lado del escenario y en un precioso piano vertical nos enseñó a cantar.

A partir de esas tardes de sol, cantando con la maestra Paganini, todo cambió. Todo tomó otro curso, la vida ganó en color y la música nos ganó de la mano de aquella inenarrable maestra de canto. 

Allá en lo alto/ un águila guerrera/ audaz se eleva/ en vuelo triunfal/ azul un ala del color del cielo/ del color del mar/ es la bandera de la patria mía/ del sol nacida/ que me ha dado Dios.  

Así, cantaba melodiosamente la maestra Paganini, entonces todo se transformaba, ya no era la petisa recia y gritona, sus manos no eran de campesina, y la ceiba del patio se preñaba de flores cuando cantaba con su voz inusual las marchas de la patria. Los chicos nos arremolinábamos alrededor de su piano y aprendíamos solfeos y pentagramas con una señora que de pronto se había convertido en un pájaro cantor. Seria y cauta me le acerqué una tarde para pedirle que me deletreara despacito lo del águila guerrera que audaz se eleva, para copiar la letra en el cuaderno, porque me sugería cosas y me ponía alas. Cariñosa, me subió a sus faldas y entre los pliegues de su delantal blanco, almidonado y con olor a sol me abrió unos libros llenos de marchas y canciones para chicos. Copié la letra con detenimiento y cada mañana mientras izaban la bandera y cantábamos "Aurora" yo me imaginaba que tenía alas, el vuelo de un águila y como una flecha de plata me clavaba en el firmamento. Como los  principios de bondad, ética y solidaridad que aquella vieja maestra nos inculcó, traduciéndonos viejos cancioneros de otras partes del mundo. Ajados, manoseados y en otros idiomas ella me los fue dictando, despacito, contenta de que aquella pequeñita la siguiera encandilada, tratando de averiguar  qué era lo que cantaban los chicos de otras partes del mundo.

No sólo me enseñó a leer y a escribir, me enseñó montones de canciones  y cómo entonarlas. Me fue pasando hoja a hoja unos viejos cuadernos de música de un ancestro italiano, que emigró a la Patagonia y se los dejó en prenda. Ustedes se preguntaran a qué viene este cuento de mi vieja maestra de canto.  Recuerdo que cobró vida, cuando días después de la inauguración del Centro de Música, una mañana me visitó  Zunilda Pierret de Morel. Su esposo la acompañaba y en una vieja maletita llevaba un cancionero infantil dominicano inédito. Por años había tocado puertas para que lo imprimieran y los chicos nuestros tuvieran que cantar. Mientras conversábamos, me contó su vida dedicada al violín, su academia de música con el método Susuki y cierta desazón que le fue creciendo en el alma. Ciertas preguntas que se empezó a hacer, dudas de si valió la pena tanto sacrificio, porqué la frondosa escuela se había quedado diezmada y sobre todo la reiterada pregunta de si era mala maestra.

Zunilda Pierret se había olvidado que vivimos en una isla del tercer mundo, que la ingratitud y el descuido son los atributos de sus hijos, que la globalización, el mercadeo y el dinero se han erigido en el nuevo Moloch. No es que sea mala maestra, es que los principios de honestidad, sensibilidad y ternura se han cambiado por un individualismo exacerbado, por una codicia de cuatreros californianos o de piratas de La Tortuga. Cuando le pregunté  como le preguntaba a la Paganini cómo sonaban esas canciones, Zunilda Pierret de pronto se quitó los años, como quien se quita un vestido. Tiró por la borda los años de silencio y olvido y cantó las canciones que por años compuso para ver crecer cantando a los hijos de sus hijos y a todos los niños de su entorno. Cantó como quien desgrana una mazorca, para que los ideales no se vayan a pique, para que la vida sea vivida recta y sincera como una flecha de plata.

Zunilda y la Paganini se confundieron en una sola maestra de canto. El norte y el sur se invirtieron, el frío y el calor se  alternaron, los tiempos se mezclaron. Dejé los 52 años que tengo para recuperar las trenzas y el delantal blanco, floreció una ceiba centenaria y un águila imperial, se elevó, apuntando a un mundo más justo, encarnando al desterrado que logra siendo desvalido como los niños, las mujeres y los viejos patearle el tablero a los poderosos. Con la serena paciencia de los apasionados, desde hace tres meses hemos ido dándole forma al cancionero para niños de Zunilda Pierret. Ella es incrédula, se pone nerviosa, sabe que es una ambición largamente acariciada, teme que no haya candidatos que sumar a su pasión. Radhames Simó digitó en la computadora las partituras, Natacha escribió el prólogo y buscó auspicios, Mauro diseñó unas viñetas graciosas y una portada con flores y niños cantando.

Laurina Vázquez está ensayando con doce voces blancas un sueño de muchos años, Dinorah hizo subir las gradas para que los chicos del coro se ubiquen, don Ramón imprimió unas invitaciones con una ronda de niños cantando. Música, canto, pinceles, diseño gráfico, partituras, todo se conjugó para dar forma a un sueño.

El sueño esta noche se hace realidad. No es solamente el sueño de Zunilda Pierret. Es el sueño de todos. 

Palabras leídas en la puesta en circulación del Cancionero Infantil Dominicano de Zunilda Pierret por Graciela Azcárate, Directora del Centro de Recuperación, Conservación y Difusión de la Música Dominicana. Organismo adscrito al Teatro Nacional mediante el decreto presidencial N0 343-99 del 12 de agosto de 1999

Una jornada particular

Por Graciela Azcárate 

El derecho a la libertad de expresión siempre es importante para los profesionales de los medios de comunicación, pero deben sopesarla con otros derechos importantes, especialmente los derechos de la niñez a no sentir temor y no ser explotados. 

Aidan White. Secretario General Federación Internacional de Periodistas. 

"Una giornatta particolare" es el título de una película italiana de los años setenta.  Marcello Mastroiani y Sofía Loren , desconocidos en sus papeles, encarnaban "una pareja particular" en la Italia fascista de 1930.

"La jornada particular" era un domingo de fiesta, alrededor de Benito Musolini, Il Duce y el fascio en el gobierno.

Sofía Loren encarnaba una ama de casa sometida, envejecida prematuramente, cargada de hijos y con un marido, jefe de una brigada fascista, autoritario y violento. Mastroiani interpretaba a un empleado público homosexual, en su último domingo, en Roma, antes de ser deportado a la isla de Lipari, precisamente por sus preferencias sexuales.

Película que recordé cuando fui invitada a participar en un taller propiciado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT)  y su Programa  Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC)sobre el tratamiento de la información periodística de niñez y adolescencia.

Desde el viernes 9 hasta el domingo 11 de junio, sesenta periodistas de distintos medios, televisivos, radiales, de prensa escrita y digital se sentaron a pensar e intercambiar ideas acerca de cómo encarar y abordar la información, de cualquier índole referente a la infancia y adolescencia dominicana.

La magnitud del trabajo infantil en República Dominicana, el diagnóstico general sobre la situación de la infancia, las violaciones frecuentes y admitidas en el manejo de la información en los medios, el estado general de la educación en el país y sus repercusiones en el tratamiento del lenguaje, los temas abordados en televisión de forma sensacionalista y violenta fueron algunos de los temas debatidos.

Los tres días del taller, los temas tratados, las preguntas de los participantes, las respuestas de los técnicos del programa, la dinámica entre todos, los debates bizantinos y los monólogos narcisistas me hicieron recordar aquella película italiana que retrataba una sociedad violenta y autoritaria, que discrimina y silencia a los más vulnerables y débiles, precisamente por ser diferentes o por la tradicional indefensión.

Me recordó el fascismo cotidiano en que vivimos y la violencia continua del lenguaje, con el que nos bombardean y anestesian desde la radio y la televisión.

En la tarde del sábado,  se trasmitió un video producido por la periodista Judith Leclerc para un programa titulado "Al rojo vivo" de Telemundo  que desató múltiples reacciones.

Los representantes de UNICEF se retiraron como señal de protesta, el oficial de comunicaciones de IPEC expresó su disconformidad con el corte sensacionalista y vejatorio del video y reclamó a CONANI, como organismo rector del sistema de protección de niñez y adolescencia que tomara cartas en el asunto.

Como responsable de comunicación de esa institución iba a responder cuando una salva de aplausos de los compañeros periodistas me cerró la boca y me dejó atónita.

Atónita, porque precisamente ese video ofensivo y vulgar era el más acabado ejemplo de lo que no se puede ni debe hacer en televisión para supuestamente ayudar a la niñez y violatorio flagrante del Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de los Niños, Niñas y Adolescentes. Ley 136-03.

Como Marguerite Yourcenar que decía que uno no se debe enojar cuando nos tiran un guante a la cara, sino que debemos sentarnos a escribir del guante y de la acción de arrojarlo, por eso es que me siento a escribir esta crónica de "una jornada particular".

Patricia García de UNICEF explicó brevemente las fallas y carencias del periodismo dominicano en materia de infancia; Fausto Rosario Adames propuso desarrollar otros géneros literarios como la crónica, el perfil o la historia de vida para superar la indigencia periodística y la falta de creatividad en estos temas; Altagracia Salazar con su habitual gracejo puso el dedo en la llaga e hizo una radiografía descarnada del periodismo dominicano en materia niñez y con humor pidió una piedra para darle sin compasión al compañero William Rodríguez de SIN y sus posiciones sexistas. En el cierre del taller, el diagnóstico y la evaluación convocó voluntades, compromisos y propuestas para "Potenciar la sensibilidad y el compromiso ético de las y los periodistas, absteniéndose de usar calificativos que refuercen estereotipos, estigmatizaciones, generalizaciones, presunciones erróneas o presentaciones sensacionalistas, cuando aborden temas de la niñez y adolescencia. Una información sobria y balanceada debe ser la pauta a la hora de brindar cobertura a los hechos y los acontecimientos en que se ven involucrados la niñez y la adolescencia" dice  el  Código de ética para la cobertura informativa de temas sobre niñez y adolescencia del Colegio de Periodistas de Nicaragua".

Cita que tomo de esa publicación nicaragüense y que integraba una rica mesa  de publicaciones puesta a disposición de todos los periodistas allí presentes por OIT y el IPEC. Adalberto Grullón y Octavio Rivera responsables de llevar a cabo el taller distribuyeron material informativo, publicaciones, libros, catálogos que encerraban el secreto y la savia  para hacer un periodismo con responsabilidad ética y sensibilidad social.

Laetitia Dumas y Dabeida Agramonte responsables del programa en el país cerraron el taller con la esperanza de que el diagnóstico surgido del mismo sea una promesa firme para ejercer un periodismo respetuoso y decente en beneficio de la infancia y adolescencia.

El regreso en el bus, desde Constanza hasta Santo Domingo, merece un párrafo aparte porque durante tres horas y media los que regresamos en ese medio parecíamos integrantes de un colectivo esquizofrénico y autista. Sin pausa se desarrolló un festival de conversaciones a los gritos, cuentos subidos de tono, burlas sobre la supuesta rigurosidad de CONANI en la guarda y protección de nuestra niñez, todo dicho con un lenguaje violento, sexista y autoritario.

Como si aquella "jornada particular" de neto corte fascista de hace setenta años se reprodujera como un hongo venenoso y contaminante,  algunas periodistas, todas mujeres de El Listín, Teleantillas,  Telecentro y hasta la representante de la Secretaría de la Mujer me hicieron pensar si yo estaba oyendo bien o alucinaba.   La misma periodista de "Al rojo vivo" demostró que no había entendido nada del taller y con arrogancia desafió e hizo alarde del sensacionalismo de su video. La gota que desbordó la copa fue un cuento abominable contado por una mujer periodista donde lisa y llanamente hizo la apología del incesto practicado por un abuelo a su nieto adolescente.

Un silencio profundo se deslizó desde el frente del bus y ganó a Felipe Mora, Grisbel Medina, Lourdes Rodríguez, Yokaira Zapete, Olivo de León, Felix Parra y la que escribe esta crónica.

Me quedé muda y como Altagracia Salazar busqué una piedra para derribar ese  concierto de voces, violento y estúpido.

Tal vez la pedrada más contundente sea esta crónica y el intento de escribir un periodismo distinto como nos propuso Fausto Rosario Adames.

Revivir nuestra infancia, hacer memoria del pasado y como un David bíblico a pesar de la pequeñez y la vulnerabilidad derribar al Goliat de la violencia, el autoritarismo y la impunidad.

A pura pedrada de cuentos, de crónicas y de simples historias de vida.